miércoles, 24 de abril de 2013

Imposible no opinar

       Desde hace varios días retumba en mi cabeza la palabra abyecto. Esa palabra salta, me golpea. Es una palabra de esas duras, feas, más fuertes que un insulto. Al  menos, para mí, es así. La primera vez que la escuché tendría unos 15 años. Salió de los labios de una de las mujeres que más he respetado en la vida, la Señora Olga Luzardo. Ella la usó para referirse a un compañero suyo del PCV y, honestamente, no recuerdo qué tropelía refería Olga en la intimidad de la conversación con mi madre, pero recuerdo claramente la indignación, la fuerza de bala con la que salió aquel vocablo. Corrí a consultar mi diccionario Larousse para enterarme que eso significaba vil, bajo, deshonesto... ¡Era eso! Pero abyecto es un proyectil por su sonoridad, por la fuerza que Olga le puso, por esa ye atravesada.
     Hace cerca de 40 años de aquel día. En todo ese largo tiempo la escena durmió en mi memoria. Ahora me estremece, me da escalofríos. Y no porque tenga algún compañero de partido con esa característica. ¡Que va! A Dios gracias me liberé de esa carga por aquella lejana época. Aparece con luz de neón porque buscaba algún calificativo para la cadena que nos impuso, en horas del mediodía de ayer, 23 de abril, Día del Idioma, el ministro de información y comunicaciones*... Abyecto, abyecto, abyecto... suena como un mantra... pero no lo es.
     Ayer fuimos obligados a ver y a escuchar una cadena nacional en la que el ministro de información y comunicación, sin que las pestañas se le movieran, sin que alguna lagaña en la conciencia le recordara su formación como periodista en la primera Escuela de Comunicación Social de Venezuela, sin que un rescoldo de respeto le templara por una esquinita el saco, así como si se dirigiera a todo el pueblo venezolano para anunciarnos que tomó la decisión de restituirle la señal abierta a las más de 200 emisoras que vergonzosamente sacó del aire el gobierno anterior (el de Chávez, se entiende ¿no?), y al canal de televisión que corrió la misma suerte. Pero no, el ministro se dedicó a violar uno tras otro, varios artículos del Código de Ética del Periodista, de la Constitución de la República.
     Dice el Código de Ética del Periodista Venezolano, en su exposición de motivos,
El periodista concibe la libertad de información como un factor de la elevación espiritual, oral y material del hombre. En consecuencia, debe justificar intereses mercantiles o sensacionales o para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo (...)
      Y en su artículo 8:

Artículo 8. El periodista no deberá deformar, falsear, alterar, tergiversar o elaborar material informativo impreso o audiovisual, cuya divulgación o publicación resulte denigrante o humillante para la condición humana.
Parágrafo único: Es condenable el uso de técnicas amarillistas como deformaciones del periodismo que afectan el derecho del pueblo a ser correctamente informado. [Resaltado nuestro].
           Pero voy más allá. La Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión reza en su artículo:

4. Son elementos de violencia:
a) Tipo “A”. Imágenes o sonidos utilizados para la prevención o erradicación de la violencia, que pueden ser presenciados por niños, niñas y adolescentes sin que se requiera la orientación de madres, padres, representantes o responsables, siempre que no se presente el hecho violento o sus consecuencias en forma detallada o explícita.
b) Tipo “B”. Imágenes o sonidos que presenten violencia dramatizada o sus consecuencias de forma no explícita.
c) Tipo “C”. Imágenes o descripciones gráficas utilizadas para la prevención o erradicación de la violencia, que de ser recibidas por niños, niñas o adolescentes, requieren la orientación de sus madres, padres, representantes o responsables, siempre que no presenten imágenes o descripciones gráficas detalladas o explícitas del hecho violento o sus consecuencias.
d) Tipo “D”. Imágenes o descripciones gráficas que presenten violencia real o sus consecuencias, de forma no explícita; o violencia dramatizada o sus consecuencias de forma explícita y no detallada.   [Resaltado nuestro].
e) Tipo “E”. Imágenes o descripciones gráficas que presenten violencia real o dramatizada, o sus consecuencias de forma explícita y detallada; violencia física, psicológica o verbal entre las personas que integran una familia contra niños, niñas y adolescentes o contra la mujer; violencia sexual, la violencia como tema central o un recurso de impacto reiterado; o que presenten, promuevan, hagan apología o inciten al suicidio o a lesionar su propia integridad personal o salud personal.

      ¿Cómo entender una cadena nacional en la que el ministro es protagonista y presenta fragmentos de varias  intervenciones públicas del líder de la oposición Henrique Capriles deliberadamente descontextualizados y acompañados de imágenes de violencia? ¿Cómo entenderla sino como una violación a todo lo arriba citado? ¿Cómo entender la intención sino como una incitación a la violencia?
     No salgo de mi estupor. Y no se confundan, no por el hecho de que yo profese ideas opuestas al gobierno; no. Mi estupor se debe a que no logro comprender la barbarie como instrumento de lucha; no logro digerir que alguien que suponemos académicamente bien formado pueda intencionalmente construir una mentira, divulgarla masivamente y suponer que no tenga consecuencias; rompe mis elementales esquemas de coherencia que alguien sabiendo exactamente el poder que detenta tenga el valor de pararse frente a una cámara de televisión, frente a unos micrófonos y ofrecer a millones de personas un espectáculo denigrante por falso, por abusivo y que, encima, atenta contra los principios que alguna vez debe haber jurado cumplir. ¿Cómo es eso que un funcionario de tan alto nivel se permite argumentar falsedades en lugar de verdades? ¿Cuál es la razón que tiene el ministro para suponer que los venezolanos somos pendejos y que porque él diga tres loqueras vamos a ignorar las palabras, los gestos de Capriles que escuchamos, vimos hace escasamente ocho días, y que cohonestaremos su cobardía? Ay, se me salió la palabra cobardía pero ¿cómo se puede llamar a la acción de utilizar el poder y los medios del Estado para intentar desacreditar a un ciudadano que además, fue electo Gobernador de uno de los Estados con mayor importancia desde el punto de vista electoral del país?
     Venezuela atraviesa una de las situaciones políticas, económicas y sociales más graves de las últimas décadas. No la puedo comparar con la tan cacareada crisis de gobernabilidad del 2002; ni siquiera con la de 1992 o 1994. Estamos en el umbral de una nueva etapa. Están crujiendo las estructuras de lo que tenemos y está retoñando por doquier lo que aspiramos ser. Ahora estamos de tu a tu. Antes no. No hablo de 1957 o 1958 porque nací en diciembre del 58, pero pareciera que ahí si hay algún parecido.

                                           La era está pariendo un corazón.
                                           No puede más,se muere de dolor,
                                           y hay que acudir corriendo
                                           pues se cae el porvenir

     En los momentos grandes hay que actuar con grandeza. Esta es la hora del respeto, del reconocimiento del otro, es decir, de aceptar que en 1999 firmamos un contrato colectivo que empieza diciendo que somos una comunidad multiétnica y pluricultural; que hay libertad de culto (es decir, que cada quien puede adorar al dios de su preferencia), que tenemos derecho a disentir, a pensar de acuerdo con nuestros principios y valores, que nos rige la justicia (es decir, que tenemos un Estado de derecho), que amamos las diferencias y por eso respetamos la diversidad; que nos gusta que el gobierno se ocupe de gobernar, es decir, de hacer cumplir las leyes para todos por igual y de hacer nuestra vida más amable construyendo lo que haya que construir, reparando lo que haya que reparar y sobre todo, respetando nuestras vidas, nuestra seguridad, nuestro derecho a la educación, al trabajo, a la propiedad (porque nos gusta tener cosas y poder regalárselas a nuestros hijos o venderlas a otra persona); nuestro derecho a decir lo que queramos sin más limitaciones que las que impone el decoro y el respeto al prójimo; que somos un país libre, es decir, que respetamos a los países hermanos y esperamos el respeto de ellos hacia nosotros; que nos animan los grandes retos de construir un mundo de igualdad de condiciones para todos. Hermanos, ese contrato ya lo firmamos solo que hasta hoy no se ha cumplido. Es la hora de que nos juntemos, nos reconozcamos y empecemos a cumplir la palabra empeñada. Ah, eso sí, empecemos por hacer justicia, por poner las cosas en perspectiva: normas nuevas y claras, empecemos por darnos ministros, jueces, directores y presidentes de instituciones públicas que no sean comisarios políticos, que tengan formación académica para lo que se designan y la suficiente estatura moral para liderar la entrada de Venezuela en el siglo XXI.

*No crean que ignoro el uso de mayúsculas, es que esa es una de mis maneras de expresar mi valoración de los sujetos a los que me refiero.

2 comentarios:

  1. Mi respeto y admiración, Profe, y a través de ti, a todas y todos los que, como tú, le echan kilos de "guáramo" todos los días para sacar a su familia y al país adelante. La era está pariendo un corazón... ¡Carajo, cómo duele, qué difícil es este parto!

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  2. Tinuviel querida, gracias por tus palabras. Estamos en un proceso indetenible e irreversible de cambios. Imagino que cuando pase el tiempo y las cosas hayan cambiado recordaremos esto como la batalla final. En mi mente ronda pro estos días un verso de una canción rusa de la II guerra посленый бой он трудный самый pero hay que darlo. Te mando mi abrazo cálido.

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