Vasilii Shukshin (1929–1974)
Vasilii Shukshin es uno de mis escritores rusos favoritos. De sus cuentos
admiro la capacidad de convertir a personajes y situaciones comunes en personajes y situaciones extraordinarios.
La traducción que hoy comparto, corresponde al cuento, titulado en ruso «Раскас». En este cuento Shukshin describe
el dolor de un hombre abandonado por su mujer, a través de una historia que
escribe el propio protagonista. Es decir, es un cuento dentro de otro cuento.
Un cuento matrioshka. La peculiaridad, y dificultad especial de traducción, es
que el cuento del protagonista está escrito con muchos errores ortográficos,
sintácticos, de registro, de estilo, lo que nos hace suponer que Iván Petin era
un analfabeta funcional.
Les invito a que disfruten esta Istoria.
Istoria
Un día Iván llegó de un largo viaje, metió el carro en el garaje, abrió la puerta de la casa… y encontró una nota sobre la mesa:
“Discúlpame, Iván, pero yo no puedo vivir más con un pelmazo como tú. No me busques. Liudmila.”
El enorme Iván, sin voltear a ver más nada, se sentó en un taburete, triste, era como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. Por alguna razón, él comprendió que no se trataba de una broma, aquello era verdad.
A pesar de que Iván siempre había sabido sobrellevar todo con paciencia, él creía que eso no lo podría soportar porque se sentía tan mal. Le empezó a doler el corazón. Una tristeza tan grande se apoderó de él que por poco se ponía a llorar. Quería pensar en algo, pero no podía, no pensaba nada… solo ese dolor que le apretaba el corazón.
En su cabeza había un solo pensamiento: “Qué desgracia tan grande”. Eso era todo.
A diferencia de los demás hombres de la aldea, Iván era calvo, se veía mucho mayor de los 40 años que tenía. Era taciturno, callado y eso no le molestaba, lástima que la gente se fijaba solo en eso. Jamás pudo entender que a un hombre se le juzgara nada más por si era alegre o por si era capaz de hablar bien. Cada vez que Liudmila le preguntaba: “¿Qué más?”, Iván la amaba un poquito más por esas palabras… y guardaba silencio. “¿Bueno, y las cosas no son así? -pensaba Iván- ¡Ni que uno fuera un político!” Pero, fíjate, resultó que a ella, de verdad, le entristecía que él fuera tan callado y poco afectuoso.
Después Iván se enteró de cómo habían pasado las cosas.
Resulta que al pueblo llegó una pequeña unidad militar a cargo de un oficial para ayudar a montar una subestación eléctrica y estuvieron en el pueblo solo una semana ¡Una semana! Montaron la subestación y se fueron, pero al oficial le dio tiempo de “montar” su propia familia.
Durante dos días Iván no se hallaba; intentó emborracharse, pero fue peor, el alcohol le repugnaba así que lo dejó. Al tercer día se sentó a escribir un cuento para que el periódico local se lo publicara; Iván él había leído fragmentos de cuentos escritos por personas que habían sido ofendidas sin motivo alguno y él también quería preguntarle al mundo cómo era posible lo que le había pasado.
Istoria
Bueno, la cosa fue así: yo llego y sobre la mesa ay una nota. Yo no voy a contar nada, ella me enpesó a poner sobrenombres ai. Lo mas importante es que ya yo se por que ella se burlo de mi. Es que a ella le decían que se parecia a no se cual artista, no me acuerdo a cual. Pero ella parece gafa, se parese a una artista y que? Que importa a quien me paresco yo. No por eso voy a enpesar a pegar brincos como una pulga. Pero ella, cuando le decían que se paresia a esa artista se ponia feliz. Es por eso que se metio a estudiar teatro en el club, ella misma me lo dijo. Aja, y si a alguien le dicen que se parese a Hitler va a agarrar una metralleta y va a matar a todo el mundo? En el frente había uno asi, igualito a Hitler. Despues lo mandaron para la retaguardia porque asi tampoco se puede. Pero no, ella necesitaba estar todo el tiempo en la ciuda. Me decia que alla la iba a reconocer todo el mundo. Que estúpida! Bueno, ella no es estúpida pero está un poquito enferma con eso de su cuerpo y su cara. Cuantas mujeres bonitas ay. Imaginense que todas las bonitas se van a ir de su casa. Seguro el tipo le dijo: “Uste si se parese a una artista!.” Claro y ella se lo creyó. Que vaina, y eso que fueron a la escuela, el gobierno gasto plata enseñandolos a ustedes y aora ustedes son unos vividores abusan de la socieda felices como si nada. Y el gobierno que pierda la plata.”
Iván detuvo su ardiente pluma, se levantó de la silla y se puso a caminar de aquí para allá y de allá para acá. Le gustaba cómo estaba escribiendo, pero pensó que mencionar al gobierno a lo mejor no tenía sentido, así que se sentó nuevamente, tachó “el gobierno” y continuó escribiendo.
“Como son ustedes! Ustedes piensan que como yo soy un chofer y llevo la vida con calma no entiendo nada? Yo a ustedes me los se de memoria. Yo soy una persona util para el gobierno pero con estas mismas manos que estoy escribiendo, con estas mismas manos si me encuentro a alguien yo puedo encendele los ojos para que pase una semana inchao. Yo no estoi amenasando a nadie y no quiero que despues me vengan a decir que amenase a nadie pero si me lo encuentro le puedo ofrecer algo. Porque es que asi no se puede tampoco, porque no es correcto: que tal si yo veo una mujercita que esta ai masomeno y le caigo de una ves. Yo les juro que aunque yo soy calvo también me he podido levantar a alguien porque en la carretera uno se encuentra de todo. Pero yo no hago eso. Y si ella es la esposa de alguien? Pero ay quien lo hase y no dice nada. En que me voy a convertir delante del tipo al que le monte cachos? Que va yo no le ago malda a la gente.
Ahora fíjense lo que
pasa: ella levanto el vuelo y se fue a donde la llevara el viento. ¿Correcto?
Aquí se destruyo una familia. Y ella creera que allá va a contruir una nueva?
No porque ella conoció al tipo una semana nada mas y nosotros tenemos cuatro años
viviendo juntos. No es estúpida despues de lo que hiso? Y el gobierno gasto
plata en ella, le dio educacion. Y donde quedo esa educasion? Porque a ella no
le enseñaron nada malo. Yo conozco a sus padres. Viven en el pueblo de al lado.
Son buena gente. Ademas ella tiene un hermano que también es oficial , es
teniente mayor. De el solo se dicen cosas buenas. Tiene una preparacion militar
y política. De donde salio ella con la cabeza llena de cucarachas? Me asombra porque yo hacia todo por ella. A
mi el corazón se me derrama de amor por ella. Cada ves que vengo de regreso el
alma se me alegra porque la veré pronto y por favor me monta semejantes cachos!
Que se vaya al carajo si no pudo aguantar dos pedidas. De alguna manera yo
ubiera soportado eso, pero para qué se fue? No lo entiendo, no me cabe en la
cabeza. En la vida pasa de todo. A veces la gente tiene un momento de
debilidad, pero destruir la vida completamente? Para que? Destruir la vida en
un momento es facil, lo difisil es construirla de nuevo. Ya ella tiene 30 años.
Yo me siento muy ofendido y por eso estoy escribiendo esta istoria. Si vamos a
ver yo tengo tres ordenes y cuatro medallas y hace tiempo que soy trabajador
ejemplar del trabajo comunista pero tengo una sola debilidad: cuando me enborracho
enpieso a insultar a todo el mundo. Eso tampoco me entra en la cabeza porque
cuando yo estoy bueno y sano soi otra persona. Pero cuando estoi manejando
nadie me a visto nunca borracho ni me vera. Y delante de mi esposa Liudmila en
todos estos cuatro años nunca dije una groseria ella se los puede decir.
Delante de ella nunca dije una mala palabra. Y viene ella y me monta semejantes
cachos. El que quiera que se ofenda, yo tampoco soi de piedra.
Saludos. Ivan Petin.
Chofer de primera clase.
Iván tomó su historia y se fue a la redacción del periódico que quedaba
cerca de su casa.
Era primavera y eso lo hacía sentir peor porque hacía frío y él tenía un
pesar en el alma. Iván estaba recordando que hasta hacía poco tiempo él y su
esposa caminaban por esa misma calle cuando él la iba a buscar al finalizar los
ensayos y, a veces, cuando él la llevaba a los ensayos.
Iván odiaba con todas sus fuerzas la palabra “ensayo”, pero ni una vez
se lo dijo a su esposa porque ella idolatraba los ensayos y él idolatraba a su
esposa. A él le gustaba caminar junto a su esposa por las calles, se
enorgullecía de la belleza de su mujer. Además, Iván amaba la primavera, sobre
todo cuando apenas estaba empezando, pero se presentía en todo, incluso en los
amaneceres y el corazón latía con dulzura como si esperara algo. Y llegó la
primavera. Allí estaba desnuda, desbordante y dulce, prometiéndole a la tierra
que pronto llegaría el calor del sol… Llegó la primavera, pero los ojos de Iván
eran incapaces de mirarla.
Después de limpiar cuidadosamente las suelas de los zapatos en la
alfombra que estaba en la entrada de la redacción, Iván entró. Él nunca había
estado en la redacción del periódico, pero conocía al redactor porque alguna
vez se habían encontrado cuando iban de pesca.
- ¿Aguéiev se encuentra? – Preguntó a una mujer que había visto muchas
veces en su casa y que también corría a los ensayos en el club. En todo caso,
cuando él escuchaba sin querer las conversaciones entre esta mujer y Liudmila,
lo único que oía era “ensayos” y “escenografía”. Cuando la vio, Iván considero
innecesario saludarla porque el corazón le dolía mucho.
La mujer lo miró con curiosidad y, por alguna razón, con cierta alegría.
- Si, aquí está. ¿Usted quiere hablar con él?
- Si, quiero plantearle algo. – Iván miró directamente a la mujer y pensó:
“Está muy contenta, seguro que también le montó cachos a alguien.”
La mujer entró al despacho del redactor, salió y dijo:
- Pase, por favor.
El redactor era un hombre alegre, bajito, un poco más gordo de lo
conveniente para su estatura; era redondito y también era calvo. Se levantó de
su asiento y salió a recibir al recién llegado.
- ¡¿Qué le parece?! – preguntó entusiasmado el redactor mientras señalaba
hacia la ventana. -El tiempo nos está invitando, ¿ya probó los anzuelos?
- No. -Iván quería demostrar a toda costa que él no estaba para anzuelos
en ese momento.
- Yo quiero probar suerte el sábado. – El redactor no perdía su buen
estado de ánimo. - ¿Qué me dice? ¿No le parece? Es que estoy impaciente…
- Yo le traje una historia.
- ¿Una historia? – con asombro preguntó el redactor. - ¿Una historia suya?
¿La escribió usted? ¿De qué se trata?
- Aquí cuento todo. – Respondió Iván entregándole el cuaderno.
El redactor hojeó el cuaderno y miró a Iván, quien a su vez lo miró
serio y sombrío.
- ¿Quiere que lo lea en este momento?
- Sería lo mejor…
El redactor se sentó y empezó a leer. Iván permanecía de pie y no dejaba
de mirar la alegre expresión del redactor mientras pensaba: “A lo mejor su
esposa también va a los ensayos. Y a él le da lo mismo porque él también sabe
hablar de todas esas escenografías. El sabe de todo.”
El redactor soltó una carcajada.
Iván apretó los dientes.
- ¡Qué maravilla! – Exclamó el redactor y otra vez empezó a reírse con
tanta fuerza que la barriga se le movía.
- ¿Cuál es la maravilla? - Preguntó
Iván.
El redactor dejó de reírse, incluso se sintió un poco turbado.
- Disculpe, ¿ésta es su historia? Quiero decir, ¿es sobre usted?
- Si. Es mía.
- Mmmm, disculpe, yo no había entendido.
- No se preocupe. Siga leyendo.
El redactor se metió de cabeza en el cuaderno. No se volvió a reír, pero
era evidente que estaba sorprendido y todo le daba risa. Para disimularlo subía
las cejas y fruncía los labios. Cuando terminó de leer, preguntó:
- ¿Usted quiere que esto se publique?
- Por supuesto.
- Pero es que esto no se puede publicar porque no es un cuento.
- ¿Por qué no es un cuento? Yo he leído lo que la gente escribe y escriben
así.
- ¿Y para qué usted necesita que esto se publique? – El redactor miraba a
Iván con seriedad y verdadera empatía. - ¿Qué va a lograr con eso? ¿Aliviar su…
dolor?
Iván no respondió de inmediato.
- Ojalá ellos lo lean… allá donde están.
- ¿Y dónde están?
- Todavía no lo sé.
- Pero es que este periódico es local, no les va a llegar.
- Yo los voy a encontrar y se la enviaré.
-¡No, es que el problema no es ese! -El redactor empezó a caminar por el
despacho. – El problema no es ese. ¿Qué va a lograr usted? ¿Qué ella se
arrepienta y vuelva con usted?
- Que les de vergüenza.
- ¡Pero no! - Exclamó el redactor. - ¡Dios mío! No sé cómo decirle… Yo lo
comprendo, pero estamos haciendo una tontería incluso si yo reescribo esto.
- Puede ser que ella regrese.
- ¡No! – Casi gritó el redactor. -¡Ay, Dios mío! – Era evidente que el
redactor estaba nervioso. -Mejor escriba una carta. ¿Quiere que la escribimos
juntos?
Iván agarró el cuaderno y salió de la redacción.
- ¡Espérese! -Exclamó el redactor. – Vamos a escribir juntos, en tercera
persona…
Iván pasó por la recepción sin siquiera mirar a la mujer que sabía mucho
de escenografías y ensayos.
Se fue derechito a un café donde pidió medio litro de vodka y se lo tomó
de un trago, sin probar ni un entremés, y se fue a casa sintiéndose
apesadumbrado y vacío. Caminaba con las manos dentro de los bolsillos del
pantalón, sin mirar alrededor. Era como si no pudiera alcanzar el equilibrio en
el alma. Lloraba en silencio y la gente lo miraba con sorpresa… no importaba…
Él caminaba y lloraba. No sentía vergüenza. Estaba cansado.