martes, 17 de marzo de 2026

Los hombres de mi vida (XII). Victoria Tokareva

Los hombres de mi vida (XII)

      Llegó el momento de hablar de mis viajes. Estuve nueve veces en Alemania, 11 en Suiza, cinco en París. Todos fueron viajes de negocios porque a Europa le interesaba nuestra cultura.

     Yo compraba accesorios, me vestía de pies a cabeza, no con trapos de precios especulativos sino con ropa de marca, de las mejores tiendas. ¡Dios mío, qué placer tan grande es vestirse a tu gusto!

     ¿Quién me vistió? Por supuesto que fue Mijaíl Sergueievich Gorbachov. Por eso cada vez que tengo ocasión, mi primer brindis es por él: “Que Dios le dé salud, Mijaíl Sergueievich, y largos años de vida.”

     Gracias a todo eso, yo pude construir una casa y me mudé a ella. Esa casa es como la casita de los Tres Cochinitos: es segura, de bloques, de dos pisos. En las ventanas tiene alféizares blancos y materos con geranios, como en Zurich. ¡Es una belleza!

     En el jardín tengo mi propio “Ugolok Dúrova”, es decir, tengo mi propio rincón de teatro con animales, igual que Vladímir Leonovich Dúrov. Tengo un perro, un gato, una ardilla y un cuervo. El perro y el gato son míos, la ardilla y el cuervo son silvestres; ellos simplemente vienen a robarle la comida al perro. La ardilla sabe que yo siempre tengo frutos secos especialmente.

     Hace poco, un perro callejero persiguió a mi gato y le mordió la cola. Durante algunos días el pedazo de cola estaba guindando hasta que se cayó. Como la cola quedó más corta, de unos diez centímetros, el gato estaba como enloquecido porque, en primer lugar, había perdido su belleza y, en segundo, porque para algo sirve la cola, para el equilibrio, por ejemplo. El gato dejó de ser hermosísimo, pero nosotros lo perdonamos; al fin y al cabo, es nuestro, casi un miembro de la familia.

     También tengo 40 árboles en el terreno. De ellos, ocho son pinos. Yo siempre levanto la cabeza para verificar que las puntas de los pinos no estén secas porque si a los pinos se le sacan las puntas, hay que eliminarlos, de lo contrario, caerían sobre el techo de la casa y lo reventarían. No quiero que eso pase.

     Es verano y mi nieta, que se ha dado un estirón, va hacia el cajón de arena con los ojos entornados por el sol, pero la detiene la ardilla. La ardilla la alcanza corriendo, se para en las patas traseras y las delanteras las coloca sobre las rodillas de mi nieta. En realidad, debajo de sus rodillas. Mi nieta se asusta porque quién sabe lo que se le puede ocurrir a esa ardilla. ¿Y si se le sube, corre por su cuerpo y le muerde una mejilla? La niña mira atentamente, de arriba a abajo, a la ardilla y la ardilla la mira de abajo a arriba, levantando su hocico de ojos inmensos.

     ¡Quédense así, un segundo, maravilloso!

     Me apuro a buscar la cámara y tomo la foto. Retraté el instante preciso y es realmente maravilloso.

     Es de mañana, hay sol. Pura felicidad…

 

      Sobakin, Mijalkov, Voinóvich, Daneliya, Gorbachov, he aquí los arquitectos de mi vida. Claro que yo también hice mi aporte, específicamente, he aportado mi trabajo. He escrito 20 libros que nadie hubiera podido escribir por mí, sin embargo, es muy difícil descubrir el talento literario, a diferencia de otros talentos, por ejemplo, el talento para cantar o para pintar. Si alguien canta o pinta se puede descubrir de inmediato su talento. Ahora, escribir… Bueno, todo el mundo sabe escribir. En Rusia, desde 1937, todo el mundo recibe instrucción elemental.

     Yo pude no haber descubierto mis aptitudes literarias. Hubiera trabajado como maestra de canto: do re mi… Y así, toda la vida. Mi vocación hubiera muerto dentro de mí y yo anduviera estresada e infeliz. Pero me salvé. Siempre he hecho lo que me gusta y en eso radica la felicidad. Es decir, yo soy una triunfadora en la vida.

     Y en mi historia personal también soy una triunfadora. Mi esposo y yo comenzamos juntos el camino, y juntos lo estamos terminando. Lo que hubo en medio, lo podemos olvidar como se olvida un baile blanco. Esos bailes en el que las damas, invitaban a bailar a los caballeros y éstos no podían negarse. Bailaban, se separaban y ya.

     Yo quise ser escritora, y soy escritora. Yo quise ser guionista, y soy guionista. Quise ser reconocida, y también lo logré. Una vez mi nieto, cuando era pequeñito, dijo: “Mi abuela trabaja de escritora famosa.”

     Al margen de todos los logros, me parece que el tiempo voló. La juventud es efímera y la vida es corta.  Al fin y al cabo, todo pasa. Eso no lo descubrí yo. Eso lo dijo el Sabio Salomón hace tres mil años, a lo mejor hace cinco mil años, pero no se equivocó. Pasará la vida y, cuando yo esté ante el Altísimo, en mi juicio, le entregaré los 20 tomos de mis obras.

     Puede ser que Él los tome en sus manos, sople y mis libros se vuelvan polvo, pero, aunque sea un cuentico quedará por ahí. Por ejemplo, «Старая собака» (Un perro viejo). Entonces, me permitirán entrar al jardín del paraíso y me encontraré con mi mamá y mi papá. Veré a Liusa Sundátova, mi amiga de tercero “B”, de la escuela 104, y nos alegraremos. Como dijo Chéjov: “nosotros descansaremos” …

     Además, me encontraré con Mérichka y le preguntaré:

- ¿Y qué? ¿Estás contenta?

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