viernes, 24 de julio de 2015

Las colas interminables en busca de productos básicos o la universidad de la vida

   Hace unos tres días reuní fuerzas de ánimo y de cuerpo y decidí salir a hacer cola donde quiera que hubiera algún producto de los infinitos que faltan en mi despensa. Las fuerzas me las dio la lágrima que no saltó de los ojos de mi esposo la noche anterior cuando abrió la puerta del gabinete y se preguntó con todo el dolor y la impotencia que caben en 1,85 mtr de humanidad: "¿Cuándo había estado mi gabinete así de vacío?" Un silencio espeso, que nos oprimía el pecho y el cuello nos embargó. En nuestras mentes brillaba la palabra "NUNCA" pero, ¿para qué pronunciarla?
   Al día siguiente, encaminé mis pasos a la farmacia porque hacía dos semanas que buscábamos sin éxito mis pastillas para la tensión y dos días que no las tomaba porque se me habían terminado. Vi una cola a las puertas del establecimiento; no era larga, unas 60 personas. Entonces pregunté qué vendían y me dijeron: shampoo, jabón de baño y detergente en polvo. ¡Bingo, necesito con urgencia esas tres cosas! Me paré en la cola porque yo podía comprar, mi cédula termina en tres y era martes. ¡Que vaina tan buena! Ahí estuve como media hora y la cola no se movía. Era obvio que algo pasaba. Pero, bueno, me puse a hablar con una señora más joven que yo que estaba delante de mí y esto fue lo que me contó mientras me enseñaba las tres cédulas que cargaba en su monedero:
   "Esta es la mía, esta es la de mi mamá ¿verdad que nos parecemos bastantes?, esta es la de una de mis hermanas, es igualita a mí aunque ella es gemela con otra. Bueno, yo no soy bachaquera sino que cargo sus cédulas porque terminan en otros números y, bueno, por si acaso. Los bachaqueros si hacen trampas. Mire, yo conozco a una que trabaja para un señor. Ellos lo que hacen es sacar una fotocopia a color de la cédula de la persona y a esa fotocopia le ponen un cuadrito blanco sobre el último número y sacan otra fotocopia a color; después van poniendo cuadritos con todos los otros números y van sacando fotocopias; después las plastifican y ya. Cada bachaquero tiene cinco cédulas. Por eso es que usted ve a la misma gente haciendo cola todos los días."
   Lección número de uno del día. Yo no podía hacer ningún comentario. Tenía los ojos desorbitados y me imagino que la boca abierta. Así de ingenua puedo ser, también soy lenta, muy lenta para sacar conclusiones. Después fue que pensé: 'Pero claro, mujer, si la cédula legal la imprimen en papel normalito con impresoras a color y las plastifican en un aparatico que vendían en Makro. Obvio, cualquiera puede tener las cédulas que le de la gana. ¡Ay, dios mío!'
   Sonreí, me salí de la cola y fui a preguntar qué pasaba. El encargado me preguntó: "¿Tiene número?" Mi respuesta fue un no tembloroso mientras mi cerebro trataba de entender qué carajo era eso, si podía comprar quien tuviera cédula que termira en dos o en tres qué vaina era esa de un número, dónde y quien daba los números. "Entonces no puede comprar, señora." Bueno, entré a ver si había ramipril de 2,5 en cualquiera de las marcas. No hay. Salí repitiendo a Chopra: inhala y exhala deeply and slowly, deeply and slowly, la tensión debe estar a raya, cuidado con vainas. Deeply and slowly, deeply and slowly...
   No me di por vencida. En la Central Madeirense si es verdad que voy a conseguir algo. Caminé unas 15 cuadras y llegué. Taraaaaaan. Dos colas. ¡Fino! Están vendiendo algo. Una cola arrancaba a las puertas del supermercado e iba bordeando el contorno del edificio, la gente se guarecía del sol gracias al alero precario. La otra comenzaba a la puerta del depósito, atravesaba el estacionamiento y se perdía por la acera bajo el sol guarenero de las diez y doce minutos de la mañana, que fue cuando yo llegué. Pregunté a una señora mayor que era la última de la cola bajo sombra qué estaban vendiendo. Su respuesta me emocionó: café, azúcar y ariel. Por la virgen de las tres chapitas, ¡café! Una semana sin tomar café y ahí estaban vendiendo. ¡Gracias Dios, gracias! - Señora, dígame algo, ¿por qué hay dos colas? - Esta es la de la tercera edad y la otra es la de los normales. - ¡Me quedo aquí! Yo ya no soy normal (para algo tengo 56 años, oficialmente miembro de la tercera edad desde hace un año, ja).
   La cola se movía como dice mi sobrina: a paso de morrocoy herido, pero ahí íbamos. En moños de a cuatro, como se hacen las colas en este país. Hablando, renegando de la situación, con la determinación de hacer algo, este vaina tenemos que cambiarla, no se olviden de votar en diciembre y cosas así. Como a las once y media ya podíamos ver la puerta del depósito. ¡Qué éxito! Cuando faltaban unas treinta personas para que yo entrara, llegó a la puerta del depósito un grupo de gente linda capitaneados por una mujer alta, cuarentona ella, de cabello pintado con mechas amarillas y perfectamente planchado. Vestía un jean dos tallas menos de la que le correspondía y estaba embutida en una franela roja, bella, con el logo de la alcaldía bordado en el lado superior izquierdo de la franela. La acompañaban dos mujeres más, menos vistosas, pero con sus hermosas franelas rojas y chalecos beige que igualmente las identificaban como "algo" de la alcaldía, y dos "chicas" lindísimas, vestidas "normales", con cabelleras perfectamente planchadas. La capitana del equipo comenzó a hablar con el señor que custodiaba la puerta del depósito y que también vestía franela roja y chaleco beige, también bordados. Ahí empezó todo. La gente de la cola de la tercera edad empezó a gritarles "enchufados, malditos, hagan su cola"; "fuera, desgraciados" y otras lindezas que la decencia y el decoro me impiden escribir. La capitana se acercó a la cola a decir que no había que gritar, que bajaran la voz. Una viejita le preguntó, "¿quien eres tu, enchufada de mierda?" y otra le contestó, "quien va a ser, una enchufada de la alcaldía." En eso empezó la segunda gran lección del día: Un señor que estaba como tres personas detrás de mi, se salió de la cola y se acercó a la enchufada, se levantó la camisa y le mostró una bolsa que tenía pegada al costado izquierdo del abdomen, señal inequívoca de una colotomía y simplemente le dijo: "Yo tengo dos horas en la cola, por qué ustedes se van a colear?". Salió otro señor de más atrás, se levantó la manga de la camisa y le enseñó su brazo y simplemente dijo: "Yo me estoy dialisando todos los días". El hueco que tenía nos hizo a todos voltear a otro lado. "Hagan su cola, ustedes tienen los días contados, abusadores."
   La capitana se volteó y se fue. No tenía argumentos pero tampoco tenía ni la humildad ni la conciencia para ofrecer disculpas. Ella había cumplido su misión porque mientras los viejitos de la cola la insultaban nos distrajimos y las hermosísimas enchufadas escoltadas entraron a comprar café, azúcar y jabón.
   La cola siguió andando, obvio los viejitos más enfermos pasaron porque quienes estábamos delante de ellos los hicimos pasar. La conversa en la cola tenía un solo tema: no se olviden de votar el 6 de diciembre, que esta gente tiene los días contados.
  Lección más importante: somos un país de gente decente que está llegando a la salida del túnel que nosotros mismos ayudamos a construir, por acción o por omisión. 
   

sábado, 24 de enero de 2015

La parábola de los talentos, caso Venezuela

     En noviembre del 2014 fui a una misa en una capilla ubicada en La Urbina, Caracas. Me convocó la necesidad de compartir la tristeza porque alguien muy querido había hecho sus maletas y se había ido con el Padre.
     Me sorprendió ver una modesta capilla repleta de gente un sábado a las seis de la tarde. Todo quedó aclarado cuando el sacerdote comenzó la homilía dedicada a la "Parábola de los talentos".
     Comenzó diciendo el cura que en esa parábola había un problema de traducción y eso me hizo concentrarme en sus palabras. Explicó que 'talento' era una palabra polisémica y que los traductores, a veces, parecía que traducían mal para que la gente no entendiera el evangelio."Ya está -pensé, picada por su concepto- 'traduttore-traditore'. La culpa siempre es del traductor." Aunque en el fondo estoy consciente de que, especialmente en el caso de la Biblia, eso pudiera ser casi axiomático.
     Relató la parábola en estos términos: "Un rey muy rico dio a uno de sus siervos cinco talentos y le dijo: 'cuida de ellos que pasado el tiempo yo vendré a ver qué haz hecho'; a otro siervo le dio dos talentos y le dijo: 'cuida de ellos que pasado el tiempo yo vendré a ver qué haz hecho'; y a un tercer siervo le dio un solo talento y le dijo: 'cuida de este talento que pasado el tiempo yo vendré a ver qué haz hecho'. Después de mucho tiempo, el rey fue a visitar al siervo que a quien había dado cinco talentos y encontró a éste viviendo muy bien, había prosperado mucho. El siervo le dijo: 'Aquí tienes tus cinco talentos, Rey. Cuando me los diste los invertí y pronto tenía el doble'. Dijo entonces el Rey: 'Pues bien, como has cuidado bien de tus talentos, te doy más responsabilidades, quédate con los diez talentos." Fue luego a visitar al segundo siervo y lo encontró igualmente próspero. El siervo le contó: 'Aquí tienes tus dos talentos, Rey. Cuando me los diste los invertí y pronto tenía el doble'.  Dijo entonces el Rey: 'Pues bien, como has cuidado bien de tus talentos, te doy más responsabilidades, quédate con los cuatro talentos." Finalmente, fue a visitar al tercer siervo y lo encontró sumido en la pobreza. Ese tercer siervo le dijo: 'Toma el talento que me diste y acto seguido cavó en el suelo para sacar el talento mientras decía: 'cuando me lo diste, pensé que como a ti te gusta cosechar lo que no has sembrado y recoger lo que no has esparcido, mejor yo enterraba ese talento y te lo devolvía intacto cuando volvieras. Toma.' A lo que el Rey respondió: 'Has sido perezoso', y llamó a sus guardias dándoles la orden: 'quitadle cuanto tiene."
     Y continuó el sacerdote: "Habrán adivinado que el Rey es Dios. Ahora les pregunto: ¿actuó con justicia?" El silencio era ensordecedor. Respondió entonces: "Claro que si. No me vengan conque le quitó todo al pobre y al rico le dio el doble. Que además, aquí entre nos, 'pobre' también es una mala traducción." ¡Y dale el hombrecito con las malas traducciones!
     Explicó entonces el cura que esa parábola se refiere a los talentos o dones de que estamos dotados los humanos, que en muchas traducciones 'talento' se registra como dinero, pero que eso es un falso sentido. Se refirió al hecho de que todos los seres humanos tenemos talentos pero que esos talentos son diferentes, que nuestro deber es descubrir cual es el nuestro y usarlo en nuestro beneficio y en beneficio de los demás. Ahí comencé a respetar su idea de que la culpa es de los traductores.
     Dijo más, mejor dicho vinculó eso con otra idea, con una piedra angular de la religión católica: los mandamientos. La pregunta que lanzó fue: "Según la Biblia, ¿cuáles son los mandamientos? Alguien que creía saber mucho contestó: 'son diez y están en las Tablas de Moisés'. El cura se rió de buena gana y le dijo: 'No, los mandamientos de Dios están en el Génesis y son tres: 1.- Creced y multiplicaos; 2.- Parirás a tus hijos con dolor; y 3.- Ganarás el pan con el sudor de tu frente [perdonen si ese no es el orden, formo parte de la legión que no ha leído el Génesis]. Es esta la razón por la que Dios fue justo con los siervos. El hombre tiene que crecer, es decir, formarse, crecer de aquí, y se tocaba la calva, solo así podrá trabajar para mantener a su familia (tercer mandamiento). Multiplicarse no quiere decir solo tener muchachitos, no señor, es usar todos los talentos para bien y prosperar. Y 'parirás con dolor' no hace referencia solo al hecho de dar a luz, no señor. ¿En qué momento las madres terminan de parir un hijo? Esto se refiere a parir, en el sentido estricto de la palabra, y a educar, formar para la vida. No es más, esos son los únicos mandamientos de Dios. Las tablas de Moisés, son normas para la convivencia, eso es otra cosa, ¿o ustedes creen que Dios tenía tiempo para perder 40 años divagando por el desierto y luego ponerse a escribir en unas piedras, después romperlas para volver a empezar? No. Los mandamientos de Dios son los tres que les acabo de nombrar y están en el Génesis de la Biblia."
     En ese momento comencé a querer escuchar la exégesis completa de la Biblia que debe hacer ese Padrecito. Y empecé a bendecirlo cuando trajo ese relato a nuestra vida y lo ilustró así: " A nosotros, los venezolanos, nos ha pasado exactamente como al tercer siervo. Dios nos proveyó de las riquezas más grandes, es decir nos dio cinco talentos, y ¿qué fue lo que hicimos nosotros? Malbaratarlos. Nos dedicamos a vivir de las rentas. No crecimos no nos multiplicamos, no ganamos el pan con el sudor de nuestra frente. Ahora vino a preguntarnos y como lo que encontró no le gustó, nos quedamos sin nada. Esto no es política, es evangelio."
     ¿Qué hace la Parábola de los talentos en Las vainas de Tatiana ? Simple. Quien ocupa el cargo de presidente de la República resumió su memoria y cuenta del año 2014 en una oración: "Dios proveerá." Claro, eso fue para cerrar y en franca alusión a los planes económicos para 2015.

jueves, 22 de agosto de 2013

Venezuela: país de viejos solos y tristes

_ ¿La viene a buscar alguien?
_ No, vivo sola. Mi esposo murió hace años y mis hijos viven fuera del país. Nos hemos convertido en un país de viejos solos y tristes... En ese momento se desgajó en llanto y me contó que primero se fue su hijo mayor: "ingeniero, ¿sabes? Se fue porque lo robaron dos veces, se le metieron a la casa... les quitaron todo... dos veces... Allá está bien. Tiene un buen trabajo... la esposa también... y los niños, mis nietos, bueno, estudian... están bien... Yo estoy jubilada... uno se acostumbra... Somos un país de viejos solos y tristes." Se levantó, me sonrió y se fue.
     Esa es parte, la parte final, de un diálogo entre quien suscribe y una colega que ya pasó los 70, a quien vi por primera, y supongo que única, vez aquel día mientras esperaba turno para la consulta con el odontólogo. A ella le habían hecho una operación.
     Yo me quedé en silencio, pensando... si, somos un país de gente cada vez más triste, cada vez más sola. De gente con el cuerpo aquí pero el alma en otro lado...
     Y empecé a repasar mi historia personal. Primero fue mi hermano... hace tanto tiempo... tanto... También se fue buscando oportunidades para crecer profesionalmente... Se quedó en aquellas soledades ¿cómo regresa ahora, 30 años después? Lesi... también se fue lejos, muy lejos, también buscando visa para un sueño. Después Nana, mi Nanita querida, que se fue por amor, se fue detrás del príncipe, no en caballo, se fue en avión, atravesó el océano, hizo su nido de amor... ¿Cómo regresa ahora? Sus hijos son hermosos, hablan ese español musical de quienes tiene otra lengua materna, pero vienen, dicen que son venezolanos y comen coco... Hace poco, Benito y su pandillita. La excusa: la compañía me transfirió. Benito ya no es tan joven, pero es un profesional de muy alto nivel; trabaja en una transnacional. La pandillita ya es pandilla, dos de los chamos ya estudian en la universidad... Y Tavo, Tavito, también trabaja en una transnacional, también se lo llevaron... a él y a su dúo dinámico.
     Ahora la gente se va porque no encuentra trabajo, porque tiene miedo, porque no encuentra leche para sus hijos... Y se van los muchachos formados, los muchachos que deberían reconstruir el país... Se van con ilusiones y miedo... se van porque sueñan con alcanzar la meta y regresar, un día regresar, un día, cuando este país haya encontrado el rumbo... ¡Ja! ¿Cuál rumbo? 
     Pienso... Muchos de los hijos postizos que me regaló la Universidad han hecho maletas. La mayoría se ha ido después de grandes debates internos, con tristezas y ... con la maleta llena de sueños.
     Pienso en Leo, por ejemplo, Leo, el hijo de mi amiga Carmen. Leo, el medallista panamericano de natación, el mejor de la promoción de médicos en 2009; pienso en Leo, el que por ser el mejor de su promoción se ganó el derecho a escoger el lugar para hacer la rural y escogió ... una comunidad indígena en el Alto Orinoco. Leo... Y allá se fue, por tierra porque su equipaje era un montón de cajas de medicinas que hizo comprar a Carmen: alcohol, algodón, ibuprofeno, agua oxigenada, jeringas, curitas, vendas, atamel, guantes quirúrgicos, pastillas para potabilizar el agua, povidine y un montón de cosas más para hacer algo que valiera la pena, para ayudar a aquella gente. Se fue con su novia, por tierra,  después en curiara y después a pie. El primer bebé que trajeron al mundo recibió como nombre Andrea, el nombre de la doctora, la novia del doctor... Leo y Andrea viven hoy en España. Trabajan en uno de los más prestigiosos hospitales de Madrid. Leo termina la especialidad de cardiología. Venezuela perdió dos médicos de esa calidad humana.
     Es Leo, es Andrea, es Diana, es Martha, es Dur, es Liza, es Andrés, es Marisela, es Carmenza, es Rosalbinha, es Erick, es la hija de la vecina, es... la lista es casi interminable.
     Me viene a la mente un comentario que, desde lo más hondo de su tristeza, me hizo un compañero de trabajo: "Simplemente no podía venir a trabajar. Mi hermano se fue el domingo. Se llevó a mis sobrinos. ¿Cómo puedo vivir sin esos chamos?" Mi respuesta estúpida: "Tranquilo, Pancho, los puedes visitar, es la excusa perfecta para hacer maletas. Mientras tanto, hay skipe." Se sonrió condescendiente y me dijo: "El peo es que por skipe no voy a ver cuando el carajito empiece a caminar, ni voy a estar cuando  la chama necesite que alguien la ayude a hacer las tareas, ¿sabes? Cuando necesite que alguien la ayude a encontrar las 'a' en un recorte de periódico, ¿me explico?" Compartí una lágrima con mi amigo porque yo también lloré a mares, cuando Capi se fue y tenía dos años... tampoco pude ayudarlo a hacer la tarea, tampoco canté ♪♫ cumpleaaaaaños Caaapi ♪♫ cumpleaños feliz♪♫, ni lo llevé al parque con mis hijas...
     Mucha gente valiosa, con buena formación académica, con formación en valores no encuentra espacio en este pantano en el que se nos ha convertido el país. Tal vez sería mejor decir en que hemos convertido al país porque no vinieron extraterrestres a arrasar esta tierra, nos la hemos dejado quitar por ... Bueno, ¡alto! No voy a hacer un análisis político de la situación. No, no me voy a dejar vencer por la tentación. 
     "Nos estamos convirtiendo en un país de viejos solos y tristes" es una oración que me golpea en el pecho, que me hace temblar los lacrimales. Es una oración simple, dirían mis estudiantes de lengua I, y yo le contesto: no, es una oración compleja, la más compleja que haya escuchado alguna vez en mi vida porque hay muchas madres que dicen estar mejor sabiendo que sus hijos están bien aunque estén lejos, pero que de noche no duermen.
     Hago votos porque quienes se fueron, o se van, logren sus más caros propósitos de vida y porque puedan construir un espacio propio en los mundos a los que llegan. 
     A pesar de los muchos pesares, se que mucha más gente de la que uno cree está comprometida con la reconstrucción de nuestro país. Hay mucha gente que hace su mejor esfuerzo cada día y que tiene cifradas sus esperanzas aquí. Se que, afortunadamente, tenemos la mejor juventud del mundo. Una señora extranjera me lo hizo ver hace algunos años. Esta es su teoría: claro que la gente de Venezuela es la mejor porque es producto de muchas mezclas étnicas, este es un país que tiene apenas 200 años, tiene recursos, todos los que quieran, y la mayoría de la gente no tiene ni siquiera 40 años. En cambio Europa es un continente enfermo; está llena de alcohólicos ¿qué más después de dos guerras? Perdió una generación completa de hombres, también por culpa de las guerras, los pueblos europeos son viejos y están cansados, agotados hasta genéticamente. Ustedes no."
     Seguramente tiene razón y estas no son horas para la nostalgia. Este es el momento de la razón y de tener la certeza de que Venezuela, más temprano que tarde, será el país donde quepamos todos, a donde podrán regresar todos los que quieran que aquí estaremos como siempre, con los brazos abiertos, una sonrisa y el abrazo cálido para recibirlos.

     
     

sábado, 25 de mayo de 2013

Primero fue la palabra

     No sabría decir si mi pasión por la lengua deriva de mi nombre, pero sí puedo decir que creo firmemente en que “(…) la palabra es don creador de la divinidad, y el nombre de las cosas es obra del hombre.” (Rosenblat, A. 1977:11).* 
     Comparto plenamente la idea de Valle Inclán: “Son las palabras espejos mágicos  donde se evocan todas las imágenes del mundo-.” (Valle Inclán citado por Rosenblat, A.  1977:15).
     Y se preguntarán mis amables lectores ¿A cuento de qué viene tanta vuelta acerca de la palabra? ¿Qué hace Rosenblat hoy aquí? Me explico, al menos intentaré compartir con ustedes una angustia que vive en mí desde hace muchos años y para ello he buscado auxilio en la herencia de uno de los grandes.
     Desde hace cerca de quince años siento mucha inquietud en el alma y en la razón por la manera en que desde la más alta esfera del poder político en Venezuela se ha venido transformando paulatinamente, es decir, sin prisa pero sin pausa, la idiosincracia, el don de gente y hasta las perspectivas del venezolano y de quienes comparten con nosotros esta tierra, aunque hayan nacido en otros lugares.

     Al principio pensé que se trataba de exquisiteces mías que obedecían a la natural deformación profesional de quienes estudiamos la lengua, vivimos de enseñar a otros que es arcilla en nuestras manos, que construimos puentes de palabras entre culturas con diferentes idiomas, en fin, al principio creí que yo era la exagerada. 
     Al principio... por allá, por el año 1999... Al principio, cuando comenzó la diferenciación entre ellos y nosotros, lo que sonaba a ellos, los malos y nosotros, los buenos. Ese primer vacío en el estómago me retrotrajo al Moscú de finales de los 70 y principios de los 80, cuando viví allá: наши - не наши. El escalofrío recorría mi espalda cada vez que escuchaba un: ellos que andan en sus camionetotas, con aire acondicionado y no ven a la gente en las calles. Y escuchaba gente diciendo: es verdad, los sifrinos esos. Un día leí un grafiti en la Avenida La Salle de Caracas: Mata a un escuálido y haz patria.  
     Ya la tarea estaba hecha. La sociedad ya estaba partida en dos. Ahora la palabra era escuálido para significar que los opositores al régimen eran pocos. Y la zanja se hacía más grande, más profunda. Llegó a lo más sagrado: las familias. No quedó una familia sana, no era posible aceptar la idea de que algún miembro disintiera. La fractura, el dolor, la rabia, la impotencia. Ya éramos los buenos y los malos. Los patriotas y los apátridas. Los ricos y los pobres. Los blancos y los afrodescendientes

     La palabra... La palabra creadora de mitos y amores... La palabra que reinventó el patrioterismo: Bolívar el bueno, el nuestro, el de los buenos, de los únicos que lo aman, que lo conocen, que lo defienden. Bolívar y yo, su único heredero. La palabra para confrontar, la confrontación de la lucha eterna entre el bien y el mal. La palabra militar en el mundo civil. Ya todo fue: batalla, guerra asimétrica, pueblo en armas, revolución pacífica pero armada, patria, socialismo o muerte... y ganó la muerte. Con la palabra no se juega.
Dice Rosenblat: 
      Antes de ser signo de un pensamiento, la palabra fue instrumento de una voluntad. Era una fuerza independiente, alada, capaz de herir, de matar, de llevar la desolación a las ciudades, de agostar los campos, de mover hombres, cosas, fuerzas naturales, y hasta de gobernar a los dioses y a los muertos. Había palabras de inmenso poder ante cuyo imperio nada ni nadie podía sustraerse. Entre ellas, las de bendición y maldición. (Ibídem).
   
       El propulsor de esa estrategia era un gran histrión, a conciencia abusó de su carisma y de la palabra para atrincherarse en el poder hasta más allá de su vida terrenal, costara lo que costara al país.
     Hoy ya no está. En su lugar colocaron un imitador que intenta seguir jugando con las palabras, con un agravante: carece de formación académica, qué digo académica, carece de formación.
     Es justamente una palabra de este sustituto la que me inspiró a escribir estas líneas. El pobre hombre vive en concubinato con una mujer que ejerció los más altos cargos en los que fue colocada por el histrión fallecido: fue presidente de la asamblea nacional, fue contralor** de la República, en fin, bateó en la posición en que fue designada. Luego de que el cne asignara a su pareja la presidencia de la República, dejó de ejercer cargos (cosa que algunos interpretaron como un acto de decencia para evitar el  famoso nepotismo). El caso es que la señora acompaña al sustituto a cuanto acto público éste va y ahora la llaman, él, primero que todos: la primera combatiente.porque obviamente no la puede llamar Primera Dama simplemente porque no es su esposa ante la Ley (vainas del ordenamiento jurídico de este país). ¿A dónde quiero llegar?
     Soy hija de una mujer combatiente. De una mujer que sufrió persecución, cárcel, torturas y exilio por luchar contra la dictadura de Pérez Jiménez. Soy hija de Yolanda Villaparedes. Pero es que junto a Yolanda Villaparedes hay un montón de mujeres que efectivamente combatieron por la libertad de este país. Pero antes que ellas, otro montón de mujeres dejó su juventud y hasta su vida por sus ideales. Mencionemos solo una: Luisa Cáceres de Arismendi. 
     Amigos, no se dejen confundir. La Historia tiene inscritos muchos nombres de Mujeres  Combatientes Venezolanas, pueden leer, si quieren ilustrarse, Nosotras también nos jugamos la vida o, cuando esté en cartelera, vayan a ver el documental Las muchachas.
     ¿Primera combatiente? Mucho camisón pa'Petra.
      

*Rosenblat, A. (1977). Sentido mágico de la palabra. UCV: Ediciones de la Biblioteca.
** Quienes han leído otras cosas mías saben que la ausencia de mayúsculas en casos que la norma lo exige es mi manera de mostrar mi respeto hacia lo mencionado.

miércoles, 4 de julio de 2012

Del amor de madre

      En uno de sus conciertos, Simón Díaz relató la siguiente historia. Existió una vez una mujer que tuvo solo un hijo y, como muchas madres, lo crió sola. Ella amaba profundamente a su hijo. Su hijo era hermoso, era su tesoro. Ella le daba todo lo que podía para que él fuera feliz porque la felicidad de su hijo era la felicidad de ella. Creció su bebé y, acostumbrado a que ella lo podía todo, cuando él necesitaba algo, solo se lo decía y de inmediato ella movía cielo y tierra, y lo conseguía. Ya su hijo era un hombre; ya se había graduado en la universidad; ya se había casado; ya tenía hijos. ¡Qué felicidad tan grande! Sucedió entonces que ella envejeció. ¡Qué problema, las madres envejecen! Ya no podía darle todo lo que él quería. El hijo no podía ayudarla, él tenía sus propias obligaciones. Ella tampoco le pedía nada. ¡El pobre tenía tantos compromisos! Pero un día, el hijo necesitaba algo que ella sí podía darle. Resultó que la esposa del hijo le pidió que le trajera el corazón de la madre para ser completamente feliz. Él corrió a la casa  materna y dijo: "Mamá, sé que esto es difícil, pero necesito que te saques el corazón para llevárselo a mi esposa. Si no fuera necesario, sabes que no te lo pediría." La madre contestó sonriente: "Lo sé, hijo." Agarró un cuchillo y se sacó el corazón. El hijo lo agarró, lo puso en una bandeja y se dispuso a salir de la casa pero antes de llegar a la puerta tropezó y se cayó. Al mismo instante se escuchó la voz de la madre: "Hijo, ¿te hiciste daño?".
     Es este el tema que hoy abruma mi corazón. Es este el tema que, por más vueltas que le doy, por más explicaciones que intento, por más situaciones que me imagino, por más amor que le pongo para entenderlo, no lo consigo. Y me refiero al tema del amor y la responsabilidad de un hijo por su madre. Porque soy madre y sé que no tenemos remedio. Pero también soy hija. No entiendo al hijo del relato de Simón. Tampoco quiero entenderlo. Podría hacer un esfuerzo entender una malacrianza de un niño, hasta de un adolescente, ¿pero de un adulto? ¿O será mejor no llamarlo adulto sino viejo? ¿Será que los años no suman experiencia sino canas? ¿Será que la sabiduría llega solo si hay actitud y ganas? ¿Será de tan compleja solución el silogismo simple: mi mamá me dio todo cuando ella era joven y fuerte, y yo era débil y estaba en riesgo; ahora ella es débil y está en riesgo, yo debo...?
     Creo que Dios es amor. Creo profundamente que lo que nos mueve es el amor. Es el amor lo que nos convoca. Creo, además, que el amor es lo único que mientras más se comparte, más se disfruta. Creo, pues, que el amor es la única religión. Si eso es cierto, será cierto entonces que a la persona que hizo el gesto más importante de amor, darle a uno la vida, compartir su carne y su sangre para que uno tuviera un cuerpo, y que después, dedicó una buena parte de su propia vida a alimentarlo a uno, a dejar de dormir para que uno aprendiera a dormir, y aceptó las penurias de sus circunstancias para que uno "echara pa'lante", digo, a esa persona, a la mamá de uno, lo menos que se le debe es amor ¿no? Digo, cuando uno es adulto debe haber concientizado (bueno, aunque sea habrá oído hablar) que amor significa respeto, amparo, algo de calidad de vida y, cómo no, afecto, compañía, cariño y todo lo demás que sea para bien.
     No comprendo y no quiero comprender al hijo de la historia de Simón. No lo comprendo porque no tengo capacidad para comprenderlo. No quiero comprenderlo porque ya fue comprendido por su madre. Se me atropellan muchas palabras que resumen lo que comprendo, pero mejor digo solo algo que repite alguien a quien amo profundamente: "deja que el tiempo haga su trabajo, allá él con su conciencia." 
     Y como soy optimista sin remedio, cierro con una anécdota que contó otro grande, Facundo Cabral, en otro concierto:
      "Una vez dio Facundo un concierto en Buenos Aires. Al concierto asistió el presidente de Argentina para ese momento, Carlos Menem. Al finalizar el concierto, el Presidente se acercó a Facundo a felicitarlo. Con el Maestro estaba su madre, Sara. Facundo se la presenta al Presidente y éste, amablemente le dice: "¡Mucho gusto, señora, la felicito! Dígame, ¿puedo ayudarla en algo?" A lo que Sara respondió: "Con que no me joda, es suficiente."
    

miércoles, 25 de abril de 2012

De los prejuicios


Hace unos días  me encontré a una coleguita en la UCV. La cosa fue más o menos así:
-¡Tatiana, que bueno verte! :)
-¡Hola, X! :) y el abrazo de rigor.
-Se te ve muy bien, estás más flaca, hasta la piel se te ve muy bien.
-Jejejeje, gracias, estoy muy bien ¿y tu?
-¿Pero que estás haciendo? ¿Es por la cervical?
-Jejejeje si y no. Estoy viviendo, como dice mi madre, simplemente viviendo; estoy feliz, corro una hora todas las mañanas, tengo propósitos, leo cuanto quiero, trabajo, estoy bien, muy bien. 

Y aquí vino el comentario que da origen de esta reflexión:
-Yo no quiero esperar hasta los cincuenta, ¿sabes? yo hago muchas cosas pero... [el gesto con las manos haciendo círculos sobre el plexo solar] para mí no, no se, pero no quiero esperar hasta los cincuenta.
Me reí de buena gana y no le contesté porque había demasiados abrazos esperando por dar y ser recibidos; yo estaba en la puerta del salón en el que JP defendería su tesis de grado, no tenía tiempo para decirle lo que intentaré decir ahora por si hay más gentesita que piense como ella.
         Yo no he tenido que esperar nunca para estar en paz conmigo misma. No tuve que esperar hasta los 20 para hacer el amor con el hombre del que me enamoré profundamente, simplemente sucedió a esa edad. No tuve que esperar hasta los 22 para graduarme en la universidad, era mi propósito y me ocupé de eso con entusiasmo y alegría. No tuve que esperar hasta los 24 para ser profesora en la Ilustre Universidad Central de Venezuela, me preparé para ello, lo deseé con el corazón e hice lo que se debe hacer para alcanzar un propósito. No tuve que esperar hasta los 26 y hasta los 30 para que nacieran mis hijas, simplemente las convoqué y llegaron natural y felizmente. Menos tuve que esperar cumplir 50 para ponerme al día con Saramago, Vargas Llosa, Isabel Allende, José Ignacio Cabrujas, Milagros Socorro, Carlos Fuentes, Laura Esquivel, Mario Benedetti y no sé si se me escapa algún otro que ha deleitado mis días desde que estoy felizmente jubilada. Pero sobre todo, no tuve que esperar tener 50 para jubilarme ¡NO! El día que me harté de la incompetencia y grosería de algunas autoridades ¡los mandé al carajo! Así como lo leen, los mandé al carajo. Ah ¿que me jubilé? Si. Ejercí mi derecho después de 26 años y ocho meses de servicio. No tuve que esperar 26 años y ocho meses para jubilarme porque amé estar en un salón de clases; porque amé investigar; porque amé escribir; porque amé asistir a cuanto curso y congreso fui; porque hasta amé hacer la tutoría de los 42 proyectos de tesis que acepté; porque amé las conversas sabrosísimas con colegas que fueron y serán amigos; porque amé profundamente las conversas, más sabrosas todavía, con estudiantes, muchos de los cuales ahora son colegas y seguimos siendo amigos; porque amé militar junto con Dagmar, Alix, Stefania, Rosalba, Carmen y algún otro más, en el partido de los pende, nada de lo que hice en la UCV, o de lo que he hecho en la vida, fue porque "tenía que hacerlo".
           Mi estimada coleguita, decía Facundo Cabral que uno no tiene porqué estar donde no quiere, ni hacer lo que no quiere, lo que no le da placer, que uno siempre puede mandar al carajo en este preciso instante al trabajo que no le satisface, a la pareja que ya no ama, a la chequera y a la tarjeta de crédito que no le dejan dormir. Además, ten la plena seguridad de que cuando veas a una persona radiante es porque está bien consigo misma, está en paz, por tanto, es feliz.

domingo, 11 de marzo de 2012

Misa de difuntos con boda

     Ya escribí algo sobre una boda que me marcó por la espectacularidad del performance. Hoy escribo sobre ¿una boda?
     No soy misera. Casi nunca voy a misa. Tengo razones para ello pero no es este el momento de contarlas, aunque el origen de esta nota sea una de las razones. No soy misera, decía, pero creo profundamente en Dios. Baste eso para que me entiendan.
      Ayer fui a una misa de difuntos para orar por el descanso de mi tío Gustavo, que se nos adelantó hace pocos días; para pedir que Dios lo abrigue con su manto y lo ilumine con su luz. Fui con mis hijas a una amorosa convocatoria de una de las amigas más solidarias que me honro en tener. Fue también toda la familia que vive cerca porque también oraríamos por otro tío muy querido que hizo su mudanza hace seis años por estos días también.
    Entramos a la iglesia que estaba abarrotada de gente. Nos quedamos de pie, cerca de la puerta escuchando y decía el cura, ataviado con un manto morado y dorado: "... las águilas tienen plumas y ustedes tienen plumas..." y batía los brazos imitando las alas, que no las plumas, de las águilas. "Las águilas tienen dos opciones: triunfar o ... dejarse abatir. Caer. Pero ustedes no pueden caer, no pueden decir que tienen cuarenta años y están viejos. No. Las águilas con sus plumas suben y ustedes con sus manos, que son sus plumas, ayudan a los demás... Las águilas triunfan, las águilas viven."  Y yo me preguntaba en silencio ¿este carajo es cura o qué? Cuando escucho: "ahora recibiremos las ofrendas en acción de gracia." Y se paran unas personas cargando banderas, cesta de comida y velas encendidas. Y dije: esto es una puesta en escena que vale la pena ver.
     Empezó a hablar una de las mujeres desde el púlpito: "para que dios en su infinita misericordia pase su mano y le de la salud a nuestro amado presidente HCF" y así siguió la cosa. De pronto el cura va y dice, "aquí debe haber gente que vino para la misa de difuntos. Bueno, disculpen, vayan al salón de al lado que ahí ya empezó el rosario. Cuando termine esta misa, se vienen para acá." Salimos con la risa aguantada y el desconcierto arañando la sensantez.
     No pudimos entrar al salón de al lado. Estaba atiborrado. Ahí nos encontramos con otros primos que tampoco entendían nada y decidimos esperar afuera entre divertidos y molestos.
     Finalmente salió la gente que se sentía águila y que ofrecía banderas, luz y pan a su dios.
      Entramos todos y hasta conseguimos puestos para sentarnos juntos. Notamos que había gente muy elegantemente vestida, no solo fuera de la iglesia sino dentro también. Pero no hicimos mucho caso y entramos. Al parecer habría una boda después. Así son las iglesias. A la gente católica le gusta consagrar su amor, y pedir por sus difuntos en el mismo sitio. Nada de extrañar.
     Aparece una mujer en el púlpito y con aires de sargento que nos espeta: "Hagan silencio para nombrar a los difuntos." Todos volteamos hacia el púlpito en espera de escuchar el nombre de nuestros deudos. Ella leía: Fulano de tal, Mengano de cual, Perenceja de más allá y todos atentos esperando oír las palabras por las que ya se había pagado para que las pronunciaran. En eso sale nuevamente el cura con su batola morada con adornos dorados y hace señas con sus brazos invitando a alguien a pasar. Todos los feligreses nos olvidamos de la lectura que hacía la sargenta y volteamos para ver...
        Una novia del brazo de su padre hacía entrada. ¿Y el novio? todo el mundo volteó en dirección contraria y efectivamente ahí estaba parado un cristiano, entre vivo y muerto, esperando a aquella mujer de velo y corona. ¡¿Qué vaina es esa?! A todos nos entró como una risa nerviosa ¡¿Que era aquello?!
     Mientras la sargenta terminaba de leer, la muchacha caminaba al altar precedida de unos niños y unas muchachas que lanzaron unos cuantos pétalos al piso. Cuando finalmente llegó al altar y el padre la entregó, el cura dijo triunfal: "Hermanos, esta boda iba a ser a las cinco pero hubo un percance. Después tuvimos que hacer la misa de acción de gracia de la UBV y se retrasó todo. Pero bueno, Hector y Amarilis esperaron y ¿cuál es el problema? haremos al mismo tiempo la misa de difuntos y la boda." 
     Como los novios estaban de espaldas al público, no pude ver la cara que tenían, no palpé el sudor frió en las manos de la novia ni pude medir el nivel de rabia y desilusión que me imagino los invadía, especialmente a la novia, por mujer, porque sí. Pero si pude ver como de dos en dos todos nos mirábamos y las caras eran todas de signo de interrogación. Había caras como la de mi tía, de una tristeza profunda, otras como la de una sobrinita de 12 años que no disimulaba su risa de adolescente fresca y aguda, caras perplejas, caras como la mía que solo mi hija interpretó cuál era y adivinó cada una de las palabras que atropelladas cruzaban mi mente . En fin, estábamos pues en el acto final e inédito de La cantante calva.
     Y empezó la cosa. "El matrimonio es un sacramento corto, así que lo haremos primero. Después vendrá la misa de difuntos. Héctor y Amarilis, el amor no son las mariposas que dicen las mujeres que sienten cuando están enamoradas. No. El amor verdadero viene después. A ustedes les van a caer toda suerte de problemas y el amor será cuando Hector diga: -tranquila, yo estoy aquí. Porque el amor verdadero viene después. Que el de ustedes sea un matrimonio trinitario: Hector, Amarilis y dios. Más nadie. Que dios en su infinita bondad les permita tener descendencia y los una hasta que la muerte los separe. ¡Que brille para ellos la luz perpetua! y todos gritamos ¡Amén! sin saber a ciencia cierta si era por los novios o por nuestros amados familiares. "Ahora hagamos silencio y todos pidan para que este matrimonio sea feliz." Y todos nos quedamos en silencio. Cada quien pidiendo por lo que le provocó. Como yo oraba por mi tío, pedía porque encontrara su luz, porque su mamita lo recibiera en sus brazos amorosos y lo encaminara en su nuevo destino, en mi mente apareció mi tío Gustavo, con una camisa beige y riendo con las estruendosas carcajadas que lo caracterizaron. Entendí todo. No es la primera vez que esas cosas me pasan. Entendí todo y en susurro le pregunté a mi tía ¿qué crees tu que haría Gustavo si le contáramos lo que está pasando? En un principio no entendió mi pregunta pero a los cinco segundos me contestó "se reiría". Si, eso mismo.
    A partir de ese momento, yo estuve sonreída. La cosa siguió hasta que el cura dijo: "Bueno, ya Héctor y Amarilis están casados sacramentalmente. Ahora sigamos con la misa de difuntos." Y Héctor y Amarilis se sentaron no se bien en dónde. Ahí vino la frasesita de "daos la paz como hermanitos que son." Los que nos conocemos y amamos, nos abrazamos cálidamente. Mientras nos abrazábamos el cura chilló desde el púlpito: "Siéntense porque la misa no ha terminado. Al parecer, tuvo una epifanía que le permitió recordar que antes de darse la paz para salir en paz, en el rito católico, la gente debe comulgar. Fue entonces cuando levantó los brazos y empezó a hablar de que Cristo compartió el pan con los apóstoles por eso la hostia representa la carne de cristo, que el vino representa la sangre que cristo derramó por todos nosotros y bla, bla, bla. "Hagan una fila a la derecha los que van a comulgar; el ministro (un tipo viejo, gordo, con cara de borracho y vestido con batola blanca) les dará la hostia. Del lado izquierdo hagan otra fila, yo les daré la hostia." Se paró un poco de gente y se alinearon según su preferencia; los demás nos quedamos hablando entre nosotros ¿alguien podía estar callado en respeto a ese acto? ¿era eso acaso una comunión? Terminé de ver la puesta en escena de un cura irresponsable, irrespetuoso y usurero, que se burla de la fe de los feligreses sin que le tiemble ni una pestaña. Terminé de ver el performance más ridículo y más atrevido que haya visto jamás con la certeza de que Gustavo estaba burlándose de esa vaina, con la certeza de que él está bien donde quiera que esté y que desde donde está puede vernos y sabe que quienes lo amamos siempre guardaremos en el corazón los momentos que vivimos juntos. ¡Que Dios te bendiga y te ilumine, Tío, donde quiera que estés!